'Los cinco diablos', el amor y los olores
Dirigida con sensibilidad por Léa Mysius, guionista de cineastas como Jacques Audiard, Arnaud Desplechin o Claire Denis, la película, proyectada en los festivales de Cannes y Sitges, no es otra cosa que una historia de amor. Una que descubre el espectador al mismo tiempo que la joven protagonista, Vicky, una niña con un don para captar y reproducir olores que la transportan, de forma algo voyeurista, a los recuerdos de su madre, a la que adora, y de su tía, a la que odia.
«Sin el elemento sobrenatural no podía llegar ahí, era imposible contarlo de esta forma. Me interesaba contar la historia de una niña que podía viajar a un pasado que no le pertenecía, explorarlo, y que esta travesía le permitiera conocer de verdad a su madre, comprendiendo su esencia y cortando la dependencia que tenía de ella. Si quería explicar todo esto necesitaba el elemento fantástico para llegar a los recuerdos de la madre», explica Mysius, para quien cada detalle de ‘Los cinco diablos’ estaba medido al dedillo.
Desde la música, primitiva, a la fotografía, sensorial. «Quería que el filme transmitiera mucha sensualidad, por eso rodamos en 35 mm, para conmover al público a través de las imágenes y la música», cuenta la directora. Tampoco está escogido al azar el enclave, rural, que por contraste forma parte del elemento fantástico de la película. «Es un paisaje sublime precioso pero también claustrofóbico. En un pueblo todo el mundo se conoce, es un lugar muy cerrado y los secretos son secretos a voces, mientras que en la ciudad no se conoce a nadie y esos secretos pasan desapercibidos. Cuando uno de los personajes regresa al pueblo, pese a que todos conocen su pasado, nadie dice nada y ese nadie dice nada era lo que me interesaba trasladar», asegura la cineasta francesa.
No sabemos a qué huele Adèle Exarchopoulos, pero sí que su don, en lugar de olfativo, es el de la fuerza. La tempestuosa actriz irrumpe como un huracán en cada fotograma de la película, pero, para Lèa Mysius, su personaje debía ser «un volcán dormido y que poco a poco explota». Quizás, por eso, templa su temperamento fundiéndola siempre con el agua, en la piscina, en el lago. «Por eso elegimos a Adèle, aparte de que es una actriz increíble, porque no queríamos partir de alguien que fuera fría sino todo lo contrario por eso Adèle tuvo que contener muchísimo esa vitalidad, ese fuego que lleva dentro», confiesa Lèa Mysius.