Resulta que la línea que separa el concierto del karaoke era mucho más fina de lo que pensábamos. Ese es otro de los descubrimientos que le debemos a la Rosalía , una chica con tanto poder para convertir en moderno todo lo que toca, que hasta nos hace creer que lo que ya hemos visto en realidad nunca ocurrió. La polémica post-doblete madrileño, desatada por algunos críticos musicales (y también una política, aunque ahí huele un poquillo a motivos extramusicales), alude a la ausencia de músicos en el 'Motomami Tour' . Los que no estuvimos allí no podemos ni debemos creer a quienes en las redes sociales aseguran que sí los había, escondidos bajo el escenario, pero pongámonos en que efectivamente sólo hubo música enlatada . ¿De verdad se puede criticar a la catalana por algo que no se le ha reprochado a artistas tan dispares como Madonna, Sleaford Mods, Pet Shop Boys, Jay-Z o los mismísimos Kraftwerk? Además, buena parte de 'Motomami' está hecho con 'samples' y 'loops' de la propia voz de Rosalía. ¿Preferimos verla ahí liada con las programaciones, en lugar de arrasando el escenario? ¿Saben lo que es realmente irritante, incluso terrorífico si llega a convertirse en tendencia? El nuevo formato de cantante-realizador que, esto sí, ha inventado ella. En los conciertos de marabunta la mayoría del respetable acaba viendo casi toda la actuación en las pantallas gigantes. Eso tampoco tiene nada de nuevo. Pero eso de ir por las tablas con un micrófono en la mano y una cámara selfi en la otra, para que todo parezca una retransmisión en tiempo real por Instagram… Sólo faltaba que en las pantallas del Wizink se viera el desfile de likes y emoticonos , y por ahí sí que no podemos pasar. En el 'mainstream' poco importa la diferencia entre un concierto y un karaoke. Pero si lo que se difumina es la línea entre el concierto y la 'story', algún día se terminarán los aplausos.