En estos tiempos de identidades individuales todavía queda alguna cosa en la que la mayoría está de acuerdo en Occidente. Una de ellas es que la ablación de clítoris es una auténtica aberración, ¿verdad? Seguiría siéndolo, aunque fueran las mismas niñas las que lo pidieran por favor tras una supuesta reflexión. Aunque se realizara en las condiciones sanitarias más óptimas y seguras. Y aunque estuviera sufragada por un Estado democrático. Porque la mutilación genital femenina, aparte de su asqueroso objetivo –que ellas no disfruten–, es antinatura: se trata de la extirpación de una parte sana.
Entonces, ¿cómo podemos permitir que a una niña española se le corten los pechos o a un niño el pene? Y que, además, ¿sus madres...
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