«Tengo el verano lleno de galas…», mascullaba la celebridad de turno en alguna entrevista cuando era chaval. Lo de las 'galas' me maravillaba porque sonaba a verdadero glamur, lujo asiático, poderío rimbombante y espectáculo pletórico de pompa. Luego, maldito el tiempo en el que pierdes la inocencia, averigüé que las 'galas' eran lo que en el argot del negocio farandulero se conoce como 'bolos', y el 'bolo' supone actuar en cualquier villorrio de estas Españas nuestras que celebra sus fiestas patronales en la plaza y sobre un escenario cojitranco. La fabulosa Mary Santpere, por ejemplo, vino de gala/bolo al pueblo y se vistió para su número chistoso en casa de una tía mía. Mi madre acudió porque era muy fan...
Ver Más