'Las suplicantes', una historia de dignidad que atraviesa veinticinco siglos
«En estos tiempos pandémicos -explica la autora-, nos pusimos a bucear entre los clásicos griegos en busca de historias de cuidados, de responsabilidad colectiva, de derechos humanos, de despedidas dignas. Y encontramos dos tragedias del siglo V a.C.: 'Las suplicantes', de Eurípides, y 'Las suplicantes', de Esquilo. Compartían un mismo título y manaba de ellas una misma fuerza. Hablaban de abuelas, madres e hijas mimando juntas la vida, reclamando derechos que debieron ser justicia innata y no adquirida. Sus protagonistas eran dos grupos de mujeres que, en situaciones de angustia, resolvían conflictos tan humanos como el derecho al propio cuerpo, el derecho de asilo y el derecho a dar digna despedida a los muertos. Con ellas había hombres enamorados de causas justas, hombres de labios libres y mirada pura. No había duda. Ambas tragedias eran la meta de nuestra búsqueda».
La ciudad de Argos es el denominador común de las dos versiones, la de Eurípides y la de Esquilo, que se han fundido en la obra de Zarco, donde se ha reducido a once el número de Danaides (cincuenta según la leyenda original). El texto de Esquilo «muestra a mujeres jóvenes de Egipto que, guiadas por su padre, escapan de una boda forzada con sus primos, se lanzan al mar y alcanzan las costas de Grecia suplicando libertad y asilo. 'Las suplicantes' de Eurípides pone en escena a madres ancianas de Grecia que, bajo el ritual de la súplica, reclaman los cuerpos de sus hijos muertos en la guerra y a las que Teseo, rey de Atenas, ayuda en su búsqueda».
«Nuestra propuesta dramática de fusión de textos -apunta Eva Romero, la directora- hilvana en una constelación de esperanza y rebeldía las luchas históricas de las mujeres oprimidas y de los hombres sensibles que las acompañan. Llega por el aire un eco de mujeres, que vienen cabalgando desde la antigüedad: es el susurro de la libertad. Es el clamor de la dignidad. Son las mujeres sembrando semillas, arando el camino, desbrozando las veredas para las niñas que vendrán».