Hay héroes que no tienen quien los escriba. Son héroes sin literatura, pero con una vida en la que hasta los ‘juntaletras’ sin negro se marcarían un ‘bestseller’. A Alejandro Dumas no le hubiese hecho falta ‘amarrar’ a la mesa a Auguste Maquet para imaginar las famosas líneas de ‘El conde de Montecristo’ ni de ‘Los tres mosqueteros’ si por delante de sus ojos hubiesen pasado las aventuras (y desventuras) de Paco Ureña.
De todo hubo en su apuesta en solitario. No solo se enfrentaba a seis bravos (es un decir), también a todo un sistema: después de ser el triunfador del último San Isidro antes del Covid y de cortar cuatro orejas en Bilbao –hecho que se remontaba a la...
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