El Gobierno de Pedro Sánchez vivió cómodo en tiempos de pandemia: emitía decretos en abundancia y los comunicaba con paternalismo y condescendencia. La población, atemorizada ante el contagio y la ruina económica asociada, aceptó sin rechistar hasta las mentiras. Total, como íbamos a salir más fuertes de aquello, según dijo el propio Sánchez, cualquier cosa parecía justificada, incluida la discrecionalidad.
Amainó la pandemia. La clase política regresó a los debates del mundo previo al Covid: competencias autonómicas, liderazgos electorales, lenguaje inclusivo, identidad de género, lenguas vehiculares y hasta el Gobierno desplegó la mesa camilla de diálogo con el independentismo catalán. Los fondos europeos se convirtieron en una gesta exclusiva del presidente de Gobierno, que los usó como propaganda personal.
En nombre de...
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