Unos días antes de quitarse la vida, Rosario Porto se arregló el pelo e intentó conseguir unas cremas faciales. Estaba de buen humor y parecía adaptada a la vida intramuros en Brieva, la prisión a la que fue trasladada el pasado marzo. Pero este aparente bienestar no era más que un pico en la montaña emocional por la que la abogada llevaba años transitando. José Luis Gutiérrez Aranguren, su letrado y quizás la persona que más tiempo compartió con ella desde su detención en 2013, conocía bien estos vaivenes. «No me sorprendió la noticia de su suicidio porque estaba sobrepasada por la situación. Su vida era difícil de vivir y su estado dependía de la medicación que se tomaba, que...
Ver Más