Los que no tenemos la inmensa suerte de haber nacido del Real Madrid y ganar (casi) siempre hemos de conformarnos con otro tipo de emociones, a veces de pura serie B. Por ejemplo, los esforzados deportivistas hace varias temporadas que caminamos descalzos por una tortuosa senda de brasas candentes. Los días de vino y rosas caen ya lejos. Ayer tarde me disponía a pasar por el trago de un desenlace a lo Hitchcock en la categoría de plata, con el Dépor en riesgo serio de descender a Segunda B e irse «al carallo» (que diría gráficamente nuestra afición). Pero a eso de las ocho de la tarde «saltó la sorpresa en Riazor», como claman los carruseles radiofónicos ante cualquier imprevisto....
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