Todavía es pronto para hacer un balance de la crisis provocada por la pandemia, pero una de las conclusiones que ya se pueden sacar es la debilidad de nuestro Estado y el mal funcionamiento de la Administraciones Públicas, sobrepasadas desde que el Gobierno decretó el estado de alarma.
Creíamos que, tras más de cuatro décadas de desarrollo democrático, habíamos conseguido una importante mejora de los servicios públicos y de la atención a los ciudadanos por parte del aparato administrativo del Estado. Pero esa impresión era un espejismo porque a lo largo de estos últimos cuatro meses hemos podido constatar fallos e ineficiencias más propios del Tercer Mundo que de una democracia moderna.
La gestión de la pandemia ha proporcionado un verdadero...
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