Insultante doble moral de Iglesias
La iniciativa parlamentaria de Cs tenía su sentido y fue apoyada por el PP y Vox. Pero el oportunismo de Sánchez frenando ahora su cortejo político a Inés Arrimadas solo es equiparable a la contradicción sistémica en la que vive instalado Iglesias. Aferrado a su escaño de vicepresidente como una lapa, ya hasta disfruta de la protección de la Fiscalía General del Estado -¡qué menos podría esperarse de Dolores Delgado!- para evitar que un juez investigue si pudo cometer diversos delitos destruyendo pruebas de un proceso penal en el que pretendía engañar a la Justicia. Iglesias ya no es un dirigente reconocible y coherente, sino un falsario traidor a sus ideas y a su electorado. Los regeneradores de la vida pública, los reinventores de la democracia participativa para enterrar la representativa, los asamblearios del comunismo más anacrónico en definitiva, se comportan como lo que son: ególatras aprovechados, anclados al mismo sistema político que dicen despreciar porque su poder, sus sueldos, sus prebendas y sus coches oficiales ya son irrenunciables. Y si es obsceno que Iglesias pretenda poner a todo el aparato del Estado a su servicio, es más lamentable aún que parezca estar consiguiéndolo. La Fiscalía no solo quiere arroparle para protegerle del chantaje que cometió sobre una excolaboradora de Podemos, sino que ahora exige que la Abogacía del Estado acuse de un delito de odio al hombre que ha simulado dispararle en una galería de tiro. Pronto olvida Iglesias a cuántas personas ha guillotinado él virtualmente. Es insultante. Más odio que el traído a nuestra democracia por Iglesias va a ser imposible encontrar.