Varapalo a la ingeniería social del PSOE
Este es un ejemplo de cómo la izquierda ha sustituido la igualdad por la identidad, poniendo en riesgo el concepto mismo de ciudadanía, que solo es posible cuando todos los habitantes de un mismo Estado son titulares de los mismos derechos y obligaciones. La política de identidades sexuales, raciales o étnicas es una aportación tóxica de la izquierda al desarrollo de la democracia parlamentaria, porque dispersa la condición política de ciudadano en un abanico de sentimientos y emociones convertidos en derechos subjetivos y obligaciones públicas de difícil satisfacción. La polémica sobre el llamado «pin parental» -cortina de humo lanzada por el Gobierno para que pase de largo el escándalo de la toma del control de la Fiscalía- ha llevado a sus extremos una lucha entre intervencionismo estatalista y libertad individual que es consecuencia del afán totalitario de la izquierda. La izquierda se empeña en imponer una «ética militante» a golpe de amenazas legales y judiciales, pues para este sector ideológico el buen ciudadano no es el que se adhiere a los valores de la unidad nacional, el que respeta su bandera y sus símbolos, el que se identifica con la democracia liberal o la Corona, sino el que acepta las presuntas «bondades» de la ideología de género, del aborto o de la eutanasia, como si fueran dogmas inatacables de la «iglesia del progresismo universal». Y a esto hay millones de españoles dispuestos a oponerse.