Bloomberg, un «veleta» político con una estrategia electoral arriesgada
En los años en los que pasó de ser un producto de la clase media de los suburbios de Boston a un mago financiero de Wall Street -previo paso por Johns Hopkins y Harvard-, Bloomberg fue votante demócrata. Consiguió su fortuna tras abandonar el banco de inversión Salomon Brothers y montar Bloomberg, un gigante de la información económica especializada. En 2001, se presentó a la alcaldía de Nueva York por el partido republicano, donde veía más posibilidades de ganar las primarias. Dejó a los conservadores para acudir a su reelección como independiente, y el año pasado volvió a registrarse como demócrata, quizá en previsión de la actual carrera presidencial y antes de financiar a los candidatos del partido con cien millones de dólares en las legislativas para recuperar la Cámara de Representantes.
La entrada tardía en las primarias demócratas le ha forzado a una estrategia electoral arriesgada: no concurrirá en las primarias de los primeros cuatro estados que las celebran -Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur-, que son clave porque miden la temperatura de los candidatos y porque son decisivos en las presidenciales. Se centrará en los estados del ‘Supermartes’ y en aquellos que reparten muchos delegados, como California y Texas. El cálculo de Bloomberg es conseguir suficientes delegados como para que no haya un candidato con una mayoría suficiente y forzar una convención demócrata dividida en la que los ‘superdelegados’ -que provienen sobre todo del ‘establishment’ del partido, que podría verle con buenos ojos- le den a él su voto para llevarse la nominación. Es una apuesta muy difícil, pero no imposible, sobre todo porque tanto el voto moderado -Joe Bide, Pete Buttigieg- como el izquierdista -Elizabeth Warren, Bernie Sanders- está todavía dividido entre candidatos.