La imagen de un Gabriel Rufián expulsado por los suyos de una manifestación me ha recordado Los demonios, aquella novela donde Dostoievski probaba a ilustrar la genealogía del nihilismo violento, ese hijo malcriado de la democracia que viene a completar la obra iniciada por sus papás. El gran maestro ruso arremetía en su novela contra esos liberales que se dedicaban a culpar a la religión de todos los males que azotaban al país, mientras educaban en la impiedad y en la satisfacción del capricho a sus vástagos, que empezaban por abjurar de la fe, para después frecuentar cenáculos subversivos y terminar urdiendo atentados. Cuando el padre de la novela descubre con horror los manejos de su hijo le pregunta qué...
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