Al mundo ya existente, ha superpuesto internet un envoltorio inmaterial que lo reduplica. Y que acaba por desplazarlo. A quienes hemos vivido de libros, de libros de papel, nos fascina -nos horroriza también- ver cumplida la fábula que hace más de tres décadas pusiera en líneas Jorge Luis Borges. Es la historia de un proyecto grandioso: el que despliega un megalómano equipo de cartógrafos que conciben la insólita aventura de fabricar un mapa a escala 1/1, un mapa en el que cada paraje representado se corresponda exactamente con el original que reproduce. Internet es, con toda exactitud, eso. Calco perfecto. Y conceptualmente tan ruinoso como la inusable montaña de harapos a la que queda relegado aquel monumento absoluto de la...
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