La reserva natural que «inspira» a Jerome Powell y Mario Draghi
Jackson Hole
(Wyoming, Estados Unidos). Lo que viene a ser la primera jornada de la particular «Liga» de los bancos centrales. Todo ello, en un alojamiento - el Jackson Lake Lodge- inmerso en un parque nacional, rodeado de un entorno natural envidiable, y sin grandes comodidades.
En este lugar se han reunido
cada final de agosto desde 1982
- los responsables de la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra, el de Japón o, más recientemente, el presidente del BCE
(Mario Draghi) aunque las primeras conferencias se organizaron en un hotel de Kansas City en 1978 y sirvieron para
debatir sobre la inflación, el mercado laboral o las implicaciones de la política monetaria.
Este año este simposio adquiere una especial relevancia por el complicado contexto económico actual: guerra comercial entre las dos primeras potencias, creciente desaceleración de la economía a nivel global, crisis política en Italia y el Brexit, completan un cuadro inquietante. Se espera con expectación el discurso del acutal presidente de la Reserva Federal, Jerome H.Powell, por si da alguna pista sobre futuras rebajas de tipos (el pasado 31 de julio ya bajó los tipos de interés al rango del 2-2,25%) y si será el inicio de una política monetaria más laxa. Todavía no está colgada la agenda exactamente, pero el tema elegido para este año no podía ser más oportuno: «Desafíos para la política monetaria».
También han pasado por este complejo hotelero el expresidente de la FED Alan Greenspan. O en 1990, recién caído el Muro de Berlín, se dieron cita por primera vez representanes de bancos centrales del este de Europa y de la extinta URSS con sus homólogos occidentales.
Bretton Woods: el hotel «fantasma» de un magnate
El gusto por aislarse en hermosos parajes tiene uno de sus precedentes contemporáneos más relevantes en la
Convención de Bretton Woods (1944)
, en la que se diseñó el sistema financiero internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial con el dólar como moneda de referencia, y de la que nacieron dos instituciones muy conocidas: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
Como recuerda el editor y economista estadounidense Benn Steil en «La Batalla de Bretton Woods», el Hotel Mount Washington - que acogió esta importante conferencia- se encontraba en medio de una cadena de montañas bajas en el Parque Nacional White Mountain en el estado de New Hampshire. Desde las ventanas de este establecimiento de estilo renacentista español, construido en 1902 con el capital de un magnate del carbón y el ferrocarril, se podía ver el Monte Washington que pasaba por ser el pico más alto de Nueva Inglaterra.
No faltaban tampoco las leyendas que lo describían como un lugar lleno de fantasmas. En 1944, en palabras de Steil, «el Mount Washington estaba a punto de convertirse él mismo en un fantasma» cuando Bretton Woods le devolvió a la vida alojando durante varias semanas a más de 700 delegados de 44 países. Entre todos ellos, descollaba el líder de la representación británica le veterano
John Maynard Keynes
(moriría dos años después) y el alto cargo del Departamento del Tesoro estadounidense, Harry Dexter White. Este último terminó su vida acusado de espionaje para los soviéticos.
Lejos del «calor» de Washington
El complejo que aloja a los responsables de los principales bancos centrales a Powell, permanece abierto al público durante estos días. En las cuatro décadas de existencia han participado representantes de bancos centrales de más de 70 países,
370 contribuyentes entre académicos o moderadores y 159 autores han presentado diferentes contribuciones. Los asistentes a cada edición se cifran en unos 120, la mayoría representantes de bancos centrales, funcionarios de la Reserva Federal o expertos.
Entre las contribuciones de este año, la propuesta de la responsable de análisis económico y mercados de BlackRock Investment Institute,
Elga Bartsch
, del exvicepresidente de la Fed Stanley Fischer, el exbanquero central suizo P
hilipp Hildebrand y el exvicepresidente del Banco de Canadá, Jean Boivin en la que constatan que se necesita «una respuesta sin precedentes ante una política monetaria exhausta y una fiscal que por si sola es insuficiente». Para ello, proponen la inyección directa de dinero a agentes de los sectores público y privado.
Otra curiosidad, aunque la Reserva Federal de Kansas es quien cubre todos los gastos los participantes deben pagar una entrada incluso los periodistas acreditados. Además, cualquier actividad o gasto extra al margen del simposio corresponderá al interesado.
Y, ¿por qué Jackson Hole? En «In Late August», un libro conmemorativo editado por la propia organización en 2013, se cuenta que la fijación definitiva del simposio en el Jackson Lake Lodge se debe al entonces presidente de la Fed (1979-1987) y posterior asesor de Obama, Paul Volker. El verano de 1982 fue muy caluroso y húmedo en Washington, demasiado quizás para enfrentarse al monstruo de la inflación que atenazaba a la economía estadounidense. Un viaje a los más templados parajes de Wyoming prometía algo de paz y pesca, una de sus grandes aficiones.