El Rey Juan Carlos I en el discurso que pronunció ante las Cortes el 27 de diciembre de 1978, tras la sanción de la Constitución, formuló su «más sincero deseo de que todas las fuerzas políticas vean cumplidas cuantas esperanzas han depositado en el texto constitucional». Lo cual era absolutamente lógico, ya que cuanto más hubieran sido atendidas tales esperanzas en mayor medida nuestra Carta Magna nacería como una «Constitución de todos y para todos». Cosa que sucedió ya que el texto constitucional gozó de una generalizada aceptación por la ciudadanía, pues fue aprobado en referéndum por algo más que el 91% de los votantes.
Pues bien, las esperanzas que tenían las fuerzas políticas constituyentes se tradujeron en las proclamas contenidas...
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