A sus 83 años, 'Don Martín' derrocha juventud y lucidez
De cuerpo espigado, aún derechito y nada de curvaturas de espalda. De vestir casual, podría decirse juvenil, con su pantalón de mezclilla; playera, gorra, tenis y bien fajado "como debe de ser".
Podríamos pensar que estamos hablando de un 'jovenzuelo' de 20 o 25 años pero no, nos referimos a don , un gran hombre de 83 años que sigue fuerte como un roble y vende como un lobo de Wall Street.
Y es que don Martín se dedica a la venta de gorditas afuera de un centro comercial sobre la avenida Hidalgo y calzada Alianza. Todos los días sale de su casa en el Callejón el Fénix, frente al hoy extinto Continental San Pedro.
A las 7:30 de la mañana hay que estar ahí, y sus piernas correosas resisten la caminata de ida y vuelta, ya para las once o doce del mediodía termina su jornada laboral, y a descansar se ha dicho.
Pasado el mediodía comienza la "peligrosa" sed, entonces hay que refrescarse. Toma sus dos envases de caguama y sale nuevamente del callejón para ir por su bebida. De 2 a 4 cervecitas se 'echa' al día, con su cuerpo impulsado dice que le hace bien el "chesco", pa' andar al cien todo el día.
Es envidiable y motivante la fortaleza del delgado cuerpo del señor, que resalta con su sonrisa y su plática lúcida y sana.
Don Martín cuenta que . Anteriormente cuando joven, vendía fruta en la estación del tren cerca de donde vive. Cuando pasaba el rápido él ya estaba ahí, les vendía su fruta a los viajeros que iban a Monterrey y a otros lugares. Dice que duró mucho tiempo vendiendo fruta, con lo que mantenía a su esposa 'Licha' Galindo ya finada desde hace 23 años y a sus 7 hijos, de los cuales la mayoría están en Estados Unidos.
“A mí no me duele nada, ya tengo 83 años y todavía me echo mis bailadas, no me rajo, no señor, mientras tenga vida y salud voy a trabajar, así mantiene uno la mente sana y el cuerpo también, me siento fuerte aún, y como dicen, 'viejos los cerros, y todavía enverdecen'”.
Don Martín se despide, pues ya va por sus heladas. En el trayecto se nota que su caminar aún es perfecto, mejor incluso que el de muchos jóvenes y con una actitud positiva y de alguien que es feliz a pesar de sus más de 8 décadas de vida.