Hasta 18 horas diarias sin luz en Zimbabue
La mala gestión del gobierno de Emmerson Mnangagwa (quien prometió poner fin a los apagones), la corrupción, el deficiente mantenimiento de las plantas y la sequía son las principales causas de esta crisis que empeora, más si cabe, la situación del país. El recientemente nombrado
ministro de Energía, Fortune Chasi, ha admitido esta semana que la situación es crítica y que la nación debería prepararse para tiempos difíciles. La eléctrica estatal ZESA (Autoridad de Suministro Eléctrico de Zimbabue) tiene una deuda de cerca de 83 millones de dólares con las eléctricas de sus países vecinos, en particular con la sudafricana Eskom y con la mozambiqueña HCB, por la electricidad importada en los últimos años. Además, los usuarios locales zimbabuenses le deben a la compañía eléctrica estatal más de mil millones de dólares en facturas impagadas, según apuntó Chasi recientemente. Como consecuencia de deficiente gestión, en mayo cayó el ministro de Energía, Joram Gumbo, y la semana pasada su sucesor despidió a toda la junta directiva de Zesa por mala administración y dudosos tratos con sus subcontratistas.
Como medida desesperada se ha pedido a las empresas de minería que importen su propia electricidad, lo que podría duplicar los costes.
¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
En los últimos 20 años, Zimbabue ha intentado generar suficiente electricidad para satisfacer la demanda, sin embargo ha tenido que recurrir a países como la República Democrática del Congo, Namibia, Mozambique, Sudáfrica y Zambia para asegurar el suministro. Durante la recesión de 2000-2008, el país empezó a tener problemas para pagar las importaciones debido a la crisis del dólar zimbabuense y la hiperinflación, lo que llevó a la mayoría de estos países a exigir el pago por adelantado.
Zimbabue tiene una central hidroeléctrica y cuatro plantas térmicas de carbón con una capacidad total combinada de 2.240 MW, lo suficiente para satisfacer la demanda del país. Sin embargo, el país está muy lejos de producir de acuerdo a sus necesidades debido al envejecimiento de sus plantas térmicas y a la sequía. La
planta hidroeléctrica Kariba solo está produciendo a un tercio de su capacidad por el bajo nivel de agua. Por otra parte, la planta de carbón más grande, Hwange, construida en la década de 1980, solo empezó a operar el año pasado después de una pésima gestión de la administración de Robert Mugabe, en el poder durante 37 años.
En la última década, el gobierno de Zimbabue firmó al menos seis acuerdos de generación de energía, que hubiesen agregado más de 3.000 MW de energía solar a la red, pero los proyectos no llegaron a materializarse debido a problemas burocráticos y la falta de financiación.
Las consecuencias de la crisis actual
Zimbabue, que ya experimentó drásticos cortes de luz en 2016, no puede permitirse interrupciones en la producción del sector minero, que es el pilar de su maltrecha economía. El país dirigido por Mnangagwa es el tercer productor de platino del mundo, después de Sudáfrica y Rusia, y uno de los más importantes productores de oro. La minería representa más del 75% de los ingresos por exportaciones del país, las cuales alcanzaron unos 4.800 millones de dólares en 2018. Por tanto, una caída en la producción minera podría llevar a la economía a entrar de nuevo en recesión. El presidente del país confiaba en este crucial sector para reactivar una economía devastada por la sequía y la inflación.
Zimbabue ve frustradas sus esperanzas de crecimiento con una profunda crisis energética cuyo resultado más visible es el parón de la mayoría de industrias y el efecto sobre el sector agrícola. Los zimbabuenses afrontan un nuevo revés que dificulta todavía más su día a día, en un país donde 5,3 de los 16 millones de habitantes necesitan asistencia alimentaria de manera continuada.