Decibeles en alza
Cada vez que recorro la avenida Rancho Boyeros me surge la sensación de estar al borde de una pista de MotoGP. Pareciera una metáfora exagerada; pero el rugido de motocicletas sin silenciador irrumpe a cualquier hora del día —y de la noche— como si la vía pública fuera territorio sin reglas.
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