Algunos políticos insisten con sorprendente tozudez en celebrar el 20 de noviembre en vez del 6 de diciembre. Pero, ¿por qué? Ese aparente misterio tiene, asombrosamente, una inaudita explicación. No se debe a una actitud de maldad intrínseca del iniciador, el Sr. Zapatero, ni a un ansia abstrusa de poder de su continuador, el Sr. Sánchez. Se trata más bien de curar una hiriente frustración oculta, de paliar un sentimiento pueril de impotencia, de liberarse de un pesado lastre de fracaso, de cicatrizar una impalpable herida de vergüenza. Читать дальше...