Brigadier y los soldados, bajo la tormenta de San Isiro
Amenazaban los nubarrones negros desde primera hora. Y con toda su fuerza se desataron, en forma de rayos, lluvia y truenos, en el segundo toro. Minutos antes, Román había desencadenado otra tormenta con un amplísimo colorado de Pedraza de Yeltes. Bello se llamaba este tren salmantino, tremendamente serio y con una transmisión que mantuvo a la afición expectante. Echó la cara arriba en el capote del valenciano, que quiso lucirlo en varas, aunque el animal no quería jaco. Apenas un picotazo en el primer encuentro y algo más hondo en el segundo... Читать дальше...