A la recuperación de archivos y bibliotecas
Durante la administración del gobernador Melquiades Morales Flores en Puebla, aproximadamente en el 2003, se adquirió una importante biblioteca propiedad de Fernando Tola de Habich que estaba en Santa Rita Tlahuapan y cuyo acervo rebasaba los 70 mil volúmenes sobre el poco estudiado S. XIX. Esa biblioteca la conocí en 1987, cuando dirigí el Departamento Editorial de la UAP. Fernando Tola además es un impresor de gran prestigio, mantuvo años enteros a la Ed. Premiá y publicó a los clásicos.
Lo que bien escribo aquí debe estar documentado en los archivos de lo que fue la Secretaría de Cultura del Estado.
Ese periodo de seis años, el sexenio de Melquiades Morales, fungí como director de Literatura Ediciones y Bibliotecas. Con la experta asesoría del cronista de número de Tehuacán, Salvador Cruz, comenzamos a gestionar recursos para la Tola de Habich. Deduzca el lector: no se pagaron 10 pesos.
La biblioteca quedó embalada en cajas de madera en lo que fue el Museo de Arte Virreinal, en uno de los sótanos. Al cambio de administración, ya en el sexenio de Marín, éste nombró en cultura a un ignorante bueno para nada pero con la visión de un negociante de zapatos Flexi, un tal Alejandro Montiel, conocido mejor como el Simpatías por el uso involuntario de su humor.
Al sentirse presionado sobre el destino de la Tola de Habich, la tuvo que sacar de las mazmorras del Virreinal pero en la memoria fotográfica, inexplicablemente, se hallaba en cajas de cartón de huevo Bachoco. Eso indicaba que ya había sido saqueada.
Volví a lo mismo, como un autor monotemático que no quita el dedo de la llaga. El Simpatías (todo simulación como lo es) la instaló en un lugar risible de la Casa de la Cultura. Si la biblioteca ocupaba una casa enorme en Tlahuapan, ¿cómo era posible que tuviera un espacio tan pequeño? La inauguró el Simpatías y nunca permitió que nadie la viera. Hasta la fecha sigue sellada, como selló los balcones de su oficina, que daban a la calle de la Casa Albisúa de la 3 Oriente.
Lo que se instaló en la Casa de la Cultura fue lo que se desmontó de la red de bibliotecas públicas. Nada que ver con la Tola de Habich.
Ahora que Beatriz Gutiérrez Müller será Coordinadora del Consejo de la Memoria Histórica y Cultural de México me ha llamado la atención uno de sus puntos centrales del proyecto: recuperar archivos y bibliotecas vendidas a EU. Me parece excelente y sensible propuesta, el recuperar lo que al país le pertenece.
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