En una reciente visita al odontólogo, a una pregunta sobre el posible desplazamiento de una pieza dental, el profesional comentaba que necesitaría contrastar por ordenador imágenes para poder ofrecer una conclusión acertada sobre ese movimiento. El comentario sorprendió sobre todo por la naturalidad con la que el especialista reconocía sin problemas la dependencia de las máquinas para realizar un trabajo que, en este caso, era un simple diagnóstico. Su experiencia de varios lustros no podía competir con la precisión de la computadora. Y el camino no tiene vuelta atrás.