¿Y si nos anexionamos?
El paisaje más agreste de la sierra madrileña es un paraíso para hacer rutas, fotografiarlo, contemplarlo y disfrutarlo con los cinco sentidos. Pero es territorio hostil para habitarlo, de ahí que muchos de sus municipios estén sufriendo un proceso de despoblación que les pone al borde de la desaparición. Los «últimos de la sierra» son personas mayores, que se resisten a abandonar el lugar donde llevan viviendo toda la vida, aunque carezcan de los servicios y prestaciones más elementales en esos pueblos que parecen ser hijos del dios menor de la prosperidad. No tienen ambulatorios, ni farmacias, colegios, bares ni tiendas. El pan viene en furgoneta, así como los alimentos y las bebidas. El traslado al hospital más cercano requiere de un desplazamiento de al menos 70 kilómetros, y en invierno, alguno se queda aislado por la nieve.
Hemos escogido, como muestra, los cinco municipios con menor censo de población de la Comunidad, según datos del INE: Robregordo, Madarcos, La Hiruela, La Acebeda y Horcajuelo de la Sierra. Entre todos suman 296 habitantes, cuando en 1970 tenían más de 500, lo que supone, que en cuatro décadas, han perdido la mitad de su población. El proceso de despoblación comenzó de forma notoria en los setenta, cuando los desarrollos urbanísticos en otros municipios del entorno, pero con más nivel de población, crearon una oferta inmobiliaria, sobre todo de fin de semana; se mejoraron los servicios, las infraestructuras, sobre todo las del transporte, y se abría el mercado laboral a otras ocupaciones, que no eran las estrictamente agrícolas y ganaderas. Los jóvenes se marchaban buscando mejores expectativas; nadie llegaba de fuera para establecerse en estos pueblos tranquilos pero en clara decadencia. Muchas de las casas quedaron abandonadas, así como las faenas del campo; tampoco tuvieron, ni tienen, un trato especial por parte de la Diputación Provincial, entonces, y por la recién nacida Comunidad Autónoma, después, para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes y frenar la despoblación. Ahora, muchos tienen miedo a entrar en el catálogo nacional de pueblos abandonados.