Familia y vida económica
Al pensar en la economía nos vienen a la mente sobre todo los grandes protagonistas, como los bancos, las grandes empresas o los gobiernos; pero no pensamos en la familia, o si acaso creemos que la familia sólo recibe pasivamente las consecuencias, sean negativas o positivas, de la economía.
La familia, en cambio, debería ser considerada y promovida como sujeto activo de la economía. De hecho, el término economía procede del griego “oikos”, casa, y “nomos”, ley, con lo que se apunta al original carácter de esta realidad y disciplina, vinculada al trabajo doméstico y, por ello, a la familia.
Existe una relación significativa entre la familia y la economía porque la familia es en este caso una referencia de ética social. La economía la desarrollan las personas, el ámbito fundamental del desarrollo personal es la familia y en el intercambio de bienes y servicios también se hallan involucradas las familias. La persona debe ser considerada no como un individuo aislado, sino como alguien relacionado necesariamente con las demás personas, sin las cuales no puede alcanzar la propia perfección. De ahí la importancia de la familia como primer ámbito de relaciones humanas.
La conexión entre economía y familia se apoya en la conexión que existe entre la persona y su derecho a poseer el fruto de su trabajo, que posibilita la fundación de una familia y su subsistencia. Por eso es una desgracia que el desempleo impida el normal desarrollo de las familias.
La aportación de la familia a la economía consiste ante todo en un elemento invaluable y esencial, que es el sujeto del trabajo. Si se quiere que los grandes principios sociales, como la solidaridad, brillen realmente en la sociedad y particularmente en la economía para que pueda llegar a ser justa y equitativa, se impone reconocer a la familia en su dimensión activa. Que la familia reciba los beneficios económicos no es una dádiva sino una exigencia de justicia.
El salario justo ha de mirar a la persona vinculada a una familia que debe recibir lo necesario para poder vivir dignamente. Debe permitir cierto ahorro que posibilite adquirir y poseer bienes que sean garantía de libertad, porque el derecho de propiedad tiene que ver con la protección y seguridad de la familia.
Una consideración especial debe darse al trabajo de la mujer que muchas veces, además de un trabajo remunerado, carga sola con el trabajo del hogar. Igualmente, deben siempre darse las condiciones para que los padres puedan cumplir sus responsabilidades en el cuidado y educación de los hijos.