También son conocidos como loureiros, cada vez ganan más adeptos y forman parte de la historia gastronómica gallega "desde hace más de 300 años", explica Antonio Miniño, regente de uno de estos furanchos en Sanxexo. Unas viviendas privadas donde sus propietarios venden el excedente del vino de la cosecha propia, que se acompaña de algunos de los platos más significativos de la cocina gallega como la zorza -picadillo es la carne con la que se rellenan los chorizos-, la tortilla de patata poco hecha o los famosos pimientos de padrón. No son restaurantes ni bares, sector con el que tuvieron problemas, son una oportunidad para disfrutar de la Galicia más auténtica y una tradición que no es un negocio pero "es una ayuda para poder vivir en a crisis que estamos viviendo", añade Miniño.