El estreno del equipo de Pedro Sánchez tenía todo el aroma de las grandes citas cinematográficas o deportivas, despertando de manera controlada el interés del espectador hasta la traca final. O lo que es lo mismo, marketing en estado puro. Pero en dos semanas de Gobierno, los fuegos artificiales han empezado a perder fuelle. La revelación de las declaraciones a Hacienda del extitular de la cartera de Cultura, el ministro más efímero de la democracia española, Màxim Huerta, abría la primera grieta al recién estrenado Ejecutivo socialista.