¿Provocación, desafío, farol?
La única duda que queda es si Torra y Puigdemont lo hacen a propósito o juegan de farol, ante la paciencia de Rajoy. Pues nombrar a esos consejeros encausados no fue sólo una provocación, como dice La Moncloa. Fue también un desafío, un reto, una ofensa no sólo al gobierno, sino al entero Estado de derecho español que, de tolerarlo, se convertiría en hazmerreír del mundo, con acusados de delitos gravísimos yendo y viniendo de la celda al parlament e interviniendo en decisiones importantes a miles de kilómetros, algo que ni siquiera la paciencia de Rajoy puede tolerar. Eso lo sabían perfectamente Puigdemont y Torra, pero siguieron adelante. ¿Por creer que podían salirse otra vez con la suya o porque buscan el choque frontal con el gobierno español para fomentar la agitación callejera en Cataluña y el victimismo fuera? Puede que por ambas cosas, al írseles agotando los recursos y las opciones. Incluso en su propio campo no cuentan con el pleno respaldo.
La cuestión catalana llega a su punto crítico, en el que, me temo, personajes como Torra y Puigdemont, tan fanáticos como insensatos, sólo ven la salida de un alzamiento popular respaldados por una Europa que se viera obligada a intervenir. A tal punto llega su delirio: a no ver en Cataluña más que exaltados como ellos. Y en Europa, una extrema derecha e izquierda que son los únicos que les apoyan. De lo que no se dan cuenta es de que en Cataluña, en España y en Europa, la mayoría no está por aventurerismos como los suyos, sino por conservar el Estado social y de derecho que tanto tiempo y esfuerzos nos ha costado levantar. Pero nadie cante victoria. El duelo final está aún por venir. La paciencia legal contra la osadía ilegal. Yo apuesto por lo primero, pero admito ser un hombre de otra época.