Hace cinco años, el Gobierno firmó, vía Ley de Desindexación, el acta de defunción del IPC. El Índice de Precios de Consumo, ese índice que acompañaba la economía española desde hacía décadas pasaba a mejor vida. Era culpable del "delito" tipificado con "pérdida de competitividad". En la misma rueda de prensa de presentación de la norma, la vicepresidenta y entonces portavoz del Gobierno, cifró hasta el nivel de culpabilidad del IPC: desde 1996 a 2008 el Índice de Precios al Consumo armonizado en España creció un 42 por 100, catorce puntos porcentuales más que la zona euro.