Vuelta al medievo
La explicación municipal no podría ser más descabellada: los que vienen y se marchan el mismo día no hacen gasto en los hoteles y por algún lado se tienen que dejar los cartiños. Dicen rechazar la gestión privada de servicios público pero a la vez proponen que paguemos por pasear por un casco histórico que es de todos. Manda carallo, dónde habrá quedado la economía colaborativa que defienden en sus asambleas. Que se preparen las asociaciones de amas de casa, las parroquias o los peregrinos que lleguen con el tiempo justo, que el concello necesita dinero.
Lo que aún no han explicado desde el gobierno local es cómo van a diferenciar al que viene a pasear del que tiene que hacer gestiones administrativas o trabajar. Unos pagarían y los otros no, pero ojo, porque la línea que diferencia lo laboral del ocio en algunos casos es efímera y se avecina una casuística complicada en las taquillas de entrada a la ciudad. «Usted, para lo que hace, le aplicamos la tasa de excursionista», podría decirle el cobrador a más de un gestor de lo público que entra cada día en la capital gallega.
Lo más triste de todo es que este debate ni se plantearía si la gestión municipal fuese mejor. No es cuestión de que entre más dinero en las arcas públicas, sino de que el que lo hace se gaste correctamente.
La solución a la saturación de turistas no puede estar en gravar al que a pesar de no tener capacidad económica para quedarse a dormir viene a Compostela movido por la fe. En el fondo, parece que a algunos lo que les preocupa el tirón que tiene lo religioso para atraer multitudes. Por qué será.