Hoy son tiempos convulsionados para las organizaciones políticas, algunas de ellas cargan con el lastre de tener a sus principales dirigentes en prisión o inmersos en procesos judiciales acusados de participar en escandalosos casos de corrupción. El mundo observa el caso peruano con asombro, no entiende cómo un país cuenta con un expresidente preso, otro en calidad de prófugo, y, por último, uno recientemente indultado pese a tener una condena por gravísimos casos de violación de los Derechos Humanos. La ciudadanía se pregunta con justa razón: ¿En quiénes podemos confiar la alta responsabilida