En todo relato navideño existen villanos y este año entre las mesas de inversión más de uno amenaza con meterse en la piel de Ebenezer Scrooge, el habitual personaje de Charles Dickens, o mejor aún, personalizar al Grinch, el malhumorado espantajo ideado por Dr. Seuss, famoso por su intento de robar la Navidad. Y es que no todos los inversores creen a pies juntillas en fórmulas estadounidenses como el Black Friday o su más contemporáneo Cyber Monday como salvavidas que lograrán reflotar a muchas de las minoristas patrias que actualmente navegan a la deriva por no haber sabido aplicar aquello del "renovarse o morir".