El Masters de Augusta es un 'major' único en varios sentidos, pero quizá el más importante sea que, a diferencia de los otros tres, se celebra siempre en el mismo escenario. Las impolutas calles del Augusta National reciben cada mes de abril a los mejores jugadores del mundo y estos van desarrollando sus estrategias para sacarle un buen resultado a un campo que no regala nada. «Cada año hay modificaciones y se hace más largo, lo que a los jugadores veteranos nos complica mucho. No podemos competir en distancia con los golfistas actuales, por lo que debemos tirar de nuestra experiencia para tratar de hacer los menos golpes posibles», indicó José María Olazábal. El doble ganador de la chaqueta verde sabe, después de 37 años jugándolo, que «este campo tarde o temprano te acaba cazando, por lo que vamos a tratar de disfrutar de la semana y, si conseguimos pasar el corte, ya será todo un éxito». Las mismas expectativas muestra el ganador de 2017, Sergio García , que no termina de estar a gusto con su juego. «Ha habido algunas vueltas aisladas esta temporada en las que me he sentido a gusto, pero son las menos. En general no estoy jugando bien y no consigo dar con la tecla para solucionarlo. Si me clasifico para el fin de semana ya estaré satisfecho», reconoció cabizbajo. De ahí que las mejores opciones para el golf español pasen por Jon Rahm , que trata de recuperar las buenas sensaciones que le llevaron a saborear la gloria en 2023. «En cuanto regreso aquí me siento como en casa, no sé cómo explicarlo, es como una paz interior que me hace ver las cosas de otra forma. Desde que gané vengo a este torneo con mucha más calma. Y si a eso le añadimos que ahora tengo el juego más afinado puedo ser optimista de cara al resultado final del torneo», asumió el vasco. Aparte de lo que le dicte la cabeza, las mejoras en el aspecto técnico no dejan lugar a la duda. «He podido trabajar mucho en invierno las cosas que me estaban perjudicando y parece que ya las voy solventando, como el fallo recurrente que tenía de irme a la izquierda. Y el estar recuperando la finura con los hierros y el 'putter' también me hacen ver bien las cosas», apuntó con una sonrisa. A esto también le ayuda llegar con más horas de competición porque este año las pruebas del LIV se disputan a cuatro vueltas. «A mí como competidor creo que me beneficia jugar siempre cuatro rondas, porque en el pasado había veces que llegabas al domingo y sentías que el torneo se te estaba haciendo muy largo». Esto no quiere decir que lance las campanas al vuelo, pues desde su experiencia de vencedor en este campo sabe que no es fácil repetir aquí. «De los 91 golfistas presentes solo tres han sido capaces de ganar dos veces y creo que se debe a que es un campo muy difícil y que al ser siempre el mismo todos los que participamos tenemos opciones de hacerlo. Ya sea por haberlo caminado en cientos de ocasiones o por haberlo visto por televisión, tenemos cada hoyo y cada golpe ideal grabados a fuego en nuestra cabeza. La clave es darle la dosis exacta de agresividad y conservadurismo para que el resultado sea perfecto», explicó.