El Madrid regresa de Vigo a un punto del Barça, tres menos con los que llegó de desventaja a Balaídos, gracias a uno de esos goles en el noventa y pico que tan dentro está en el ADN del Madrid. Salvador tanto de Valverde, con la ayuda de la espalda de Marcos Alonso, que mantiene viva la Liga, a la espera de lo que haga el Barcelona en San Mamés este sábado. Fue una primera parte buena del Celta ante un Madrid que, tras el enésimo revolcón de la temporada ante el Getafe el lunes en el Bernabéu, sacó el orgullo para competir con lo que tenía. Diez bajas en Balaídos, un once con Mendy y un banquillo con Lunin y nueve canteranos. Triple tirabuzón. Comenzó avisando el Celta, con un zurdazo en el minuto 6 de Borja desde la frontal que escupió el guante izquierdo de Courtois. Aviso que no intimidó el buen inicio de partido del Madrid, con y sin balón. Presión alta, recuperación en campo contrario y un remate al palo de Vinicius en el 10, en un balón al espacio que definió el brasileño a la madera. Segundo partido consecutivo que el brasileño desperdicia un mano a mano. Un minuto después, Tchouaméni rozó el 0-1 en un disparo con la izquierda que desvió una pierna celeste. Segundo aviso. El tercero ya sí fue para adentro. El córner en el que acabó la acción del francés lo sacó en corto Brahim hacia Guler, y Arda se giró y la puso en la raya del área grande, donde Tchouaméni, solo, la mandó con el interior al palo y a la red. Laboratorio del Madrid e inacción del Celta. En el 15, otra vez Borja Iglesias sacó la mejor versión de Thibaut. Parada a un mano a mano que nunca hubiera valido de ser gol. Claro fuera de juego de 'El Panda', pero por si acaso ahí estaba Courtois . El belga para hasta las que no tiene obligación de parar. Empató el Celta en el 25, en un pase a la espalda de Trent que acabó en asistencia de Williot y remate de primeras de Borja. La jugada es para no ponérsela jamás a ningún niño que quiera ser lateral derecho. Es bochornosa la actitud del inglés, que vino al Madrid con la etiqueta del mejor '2' del mundo, y esa mentira no es, ni era, verdad. Williot le ganó el espacio, la carrera, el duelo y el uno contra uno sin pestañear. Preocupante ausencia de pulso y revoluciones de Alexander-Arnold, que juega al fútbol como un jubilado que sale a caminar rápido con una camiseta de atún Calvo. O de tomate Orlando. El empate dio un nuevo impulso al Celta y abortó el buen inicio del partido del Madrid, y estuvo cerca de costarle un nuevo tanto a los blancos. Camino del 45, Williot provocó la tercera gran intervención de Courtois. Mano derecha a disparo a media altura desde dentro del área. El belga encontró desahogo abroncando a sus compañeros por su parsimonia a la hora de encimar al rival. Arbeloa, que también estaba de uñas, acabó yéndose al vestuario diez segundos antes de que Díaz de Mera señalara el final. Del vestuario salió el Madrid con mejor tono que el Celta. A piernas, estaba más fresco, pero con tan poco jugador determinante y con una versión de Vinicius tan light, el dominio de los blancos se traducía en pocas oportunidades. O ninguna. El show estaba en el pique entre la grada de animación y el brasileño. El clásico 'Balón de playa' provocaba que Vinicius le pidiera a la gente que lo cantara más alto. Y el clásico 'tonto, tonto' llegó cuando el '7' intentó hacer una 'lambretta' para deshacerse de Javi Rodríguez. El balón ni siquiera despegó del suelo, para mofa de la afición viguesa. Guler, cambiado por Palacios, se fue cabreado. «¿Yo?», se preguntó al ver su número. Se quedó ahí la rabieta. Carrera hacia el banquillo, sin saludo a Arbeloa, pero sin aspavientos. Dejó su sitio al canterano Palacios, que dejó veinte minutos interesantes. Se libró el Celta de un claro penalti de Jutglà. Mano estúpida del delantero en un córner, delante de la cara de Tchouaméni, advertida por el VAR. Le salvó el empujón previo de Palacios a Ilaix. Le debe una cerveza. Bueno, mejor una cena. Al Madrid, quien le salvó fue la madera, en un derechazo de Aspas en el 88 al palo. Y luego llegó ese golpe de suerte en el 94, que le da una vida extra a los de Arbeloa . Victoria agónica, pero victoria.