"Juego pensando que algún aficionado me quiere matar"<br>
No todo es maravilloso en el jardín de Augusta, en día soleado, de ajetreo en las tiendas y golfistas en manga corta. El rincón más tranquilo del deporte mutua seguramente, pues ya se sabe que no hay hueco para los teléfonos móviles, ni siquiera para las gafas inteligentes de Meta, tampoco para las carreras, no es un lugar tan apacible para Gary Woodland, el ganador del US Open de 2019.