Israel reabre el cruce de Rafah con controles estrictos
Aunque ningún habitante de Gaza cruzó la frontera hacia Egipto el domingo, cuando Israel anunció su apertura parcial, el cruce de Rafah mostró signos de vida por primera vez desde que fue cerrado en marzo del año pasado con la ruptura de un alto el fuego firmado en enero de 2025. Unos 20.000 palestinos que necesitan atención médica esperan salir del enclave destruido a través de ese paso y miles de palestinos fuera del territorio esperan regresar.
El cruce fronterizo de Rafah abrió el domingo para una jornada de comprobaciones y pruebas de los sistemas que componen el paso antes de su apertura prevista para el lunes, según informó la agencia israelí Coordinadora de Actividades Gubernamentales en los Territorios (COGAT, por sus siglas en inglés).
“Se espera que la circulación de residentes en ambas direcciones, tanto de entrada como de salida de Gaza, comience mañana”, declaró el organismo del Ministerio de Defensa israelí para asuntos civiles palestinos.
El comunicado de COGAT también señaló que la fase piloto se está "llevando a cabo en coordinación con la Misión de Asistencia Fronteriza de la Unión Europea (EUBAM, también por sus iniciales en inglés), con Egipto y todas las partes interesadas relevantes”.
Los guardianes del paso
Una fuerza de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) operará el lado de Gaza del cruce, bajo la supervisión de la EUBAM. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmó en una conferencia de prensa la semana pasada que la ANP operaría el cruce. Israel también establecerá un puesto de control militar entre el cruce y la línea de alto el fuego. Según el diario Haaretz, Egipto se opuso a la colocación el puesto de control israelí en la frontera o cerca de ella.
Netanyahu declaró que Israel permitirá la salida de 50 personas necesitadas de tratamiento médico al día. Además, se permitirá el ingreso diario de unas 50 personas que abandonaron Gaza durante la guerra.
Se espera que el número de viajeros aumente con el tiempo si el sistema tiene éxito.
En medio de la incertidumbre sobre el funcionamiento del cruce y la burocracia de los permisos de entrada y salida que Israel y Egipto deben validar, también es incierto el futuro de los miembros del comité tecnocrático encargado de gobernar Gaza y sus 2.2 millones de habitantes en virtud del acuerdo de alto el fuego.
Los quince miembros están en Egipto, y no se sabe si se permitirá el regreso de todos o solo de algunos. Lo que sí se sabe es que su regreso requerirá medidas logísticas y de seguridad, como oficinas, equipos profesionales y protección.
Israel supervisará remotamente la salida de los gazatíes a Egipto desde una sala de control mediante un programa de reconocimiento facial y una lista de nombres aprobados.
La entrada a Gaza desde Egipto incluirá un control de seguridad del ejército israelí donde se comprobará su identidad antes de dejarles continuar hacia las zonas de Gaza controladas por Hamás.
Solo personas, no mercancías
No hay planes para permitir que el cruce se utilice para la ayuda y los bienes, que pasan por otros cruces donde Israel los revisa para detectar contrabando, especialmente armas.
Según el ejército y el escalafón de seguridad israelí, en los años previos a la guerra de 2023, Hamás utilizó el cruce de Rafah para introducir numerosas armas y otros suministros para su brazo militar sin ninguna supervisión israelí.
En esta ocasión, el sistema de defensa israelí respalda la idea de un cruce fronterizo triple entre Israel, Egipto y Gaza, donde se encuentra el actual cruce de Kerem Shalom.
Según datos de COGAT, unos 42.000 gazatíes abandonaron la Franja durante la guerra, la gran mayoría de ellos eran personas que necesitaban tratamiento médico en el extranjero o palestinos con doble nacionalidad.
El cruce se abrió brevemente para la evacuación de pacientes durante un alto el fuego a principios de 2025. Israel había tratado de evitar la reapertura del cruce, pero la repatriación de los restos mortales del último rehén en Gaza, Ran Gvili, la semana pasada añadió presión al gobierno para que, por lo menos, anunciara la reapertura.
Por su parte, Egipto y Jordania, limítrofes de Israel, Cisjordania y Gaza, con el anuncio de la apertura del paso reiteraron su rechazo a "cualquier intento de desplazar al pueblo palestino de su territorio".
Además de insistir ambos en que la ayuda humanitaria no puede convertirse en un mecanismo de expulsión y que cualquier solución para los gazatíes debe ser proporcionada en su tierra, temen que, con la reapertura de Rafah, en la situación de precariedad y crisis humanitaria, suceda un desplazamiento, forzado o voluntario, temporal o permanente, de la población de Gaza hacia las naciones vecinas.
Jordania ya acoge a millones de palestinos y considera que un nuevo desplazamiento masivo podría desestabilizar al país. Egipto rechaza asumir un problema que considera resultado de la ocupación israelí.