Daft Punk: así vibran los robots con la música
Eran dos adolescentes reservados y tímidos. Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem Christo presentaban en 1994 su primer single, «The New Wave» en una cinta casete que llegó al sello de Glasgow especializado en electrónica Soma. Aparecieron en todas las fotos promocionales serios, flacos y con el ceño fruncido. Se hacían llamar Daft Punk porque una crítica en el «Melody Maker» había destrozado con esas palabras (punk estúpido) su anterior proyecto de música «indie». No parecían muy contentos durante la sesión de promoción y su música no encajaba realmente en ninguna parte. Era electrónica en un sello de techno pero sus ritmos estaban más cerca de George Clinton que de Jeff Mills. Poco a poco, las virtudes de su indescriptible música y su misantropía fueron agudizándose hasta convertirse en los reyes del pop, trono del que abdicaron, con la misma discreción con la que disfrutaron de su éxito, tras su separación en 2021. Un libro coral, «Daft Punk. We Were The Robots» (Contra), cuenta su historia con testigos directos.
Los medios especializados estaban ávidos de una nueva gran sensación, agotados los caminos del «indie» y, tras el sonoro suicidio de Kurt Cobain en ese mismo año (1994), del grunge. Buscaban insistentemente «la nueva ola de la nueva ola», concepto del que se reía el dúo francés en su primer lanzamiento, un corte retrofuturista: «The New Wave». Guy-Man y Thomas no se creían especiales. Cultivaban una especie de anonimato que tenía más que ver con el punk que con la creciente escena de discjockeys estrella alzados a sus podios. «Cualquiera podría estar en nuestro lugar», murmuraban en sus primeras entrevistas con una mezcla de timidez y prudencia. Se mantenían inertes, imperturbables ante lo que les rodeaba incluso en el furor de sus actuaciones. No mostraban interés por las drogas ni por el éxito, apenas se inmutaban en la cabina cuando dieron sus primeros conciertos por Reino Unido. Asesorados por el padre de Thomas, Daniel Bangalter, productor de éxito en Francia durante los 70 y 80, el dúo firma un acuerdo impropio para unos jovencitos con el sello Soma. En ningún caso perderán la propiedad de los derechos de sus grabaciones y podrán romper el contrato cuando lo crean conveniente. Así lanzan «Da Funk», su segundo tema y un éxito indiscutible en la escena de clubes a ambos lados del Atlántico. No es un superventas (aunque despacha la nada desdeñable cifra de 30.000 copias) pero seduce a los DJ más «cool».
Virgin Francia se lanza a por ellos y les ficha, pero el dúo francés dejará un regalo al sello que apostó por ellos y a su admirado George Clinton. Funkadelic es uno de los artistas más sampleados de todos los tiempos... aunque nunca le pagaban porque los derechos editoriales se los quedaba cualquiera de los grandes sellos en los que había grabado. A diferencia que los jovencitos franceses, el artífice de Parliament había firmado contratos leoninos. Para sortear esto, Daft Punk utilizaron una grabación en directo de la que sí era propietario como sampler en el tema. Clinton percibe los «royalties» por ese tema hasta la fecha.
Cultura electrónica
El primer disco del dúo, «Homework» (1997) sigue sonando fresco. Y en contra de lo que muchos podrían pensar al ver a dos imberbes retuerce-potenciómetros y desliza «faders», se trataba de un álbum lleno de referencias. Menciones y guiños a Curtis Mayfield, Television, The 13th Floor Elevators, Roxy Music, Brian Wilson y Dr. Dre, entre muchísimos otros. Ritmos northern soul y melodías de los Beach Boys sin dejar de mirar a Jeff Mills. Incluso había un mensaje político en «Revolution 909», tema en el que cargaban contra la campaña política en contra de la cultura de la música electrónica en Francia, donde los DJ podían ser acusados de incitar al consumo de drogas si se descubrían sustancias ilegales en uno de sus conciertos. Dos décadas después, el presidente francés Emmanuel Macron ha pedido que el «french touch» sea declarado Patrimonio Inmaterial de la Unesco. Durante el año siguiente, en paralelo al éxito conjunto, Bangalter conquistó el mundo del club con «Music Sounds Better With You» con Stardust y «Gym Tonic» junto a Bob Sinclair. Estaban, oficialmente, en la cima de lo «cool». El impacto de aquel álbum fue decisivo para la aparición del EDM, esa derivación comercial de «revival» electrónico en la primera década del siglo. Pero no podemos echarles la culpa de David Guetta. Madonna, por su parte, copió descaradamente al dúo francés en «Music» (2000).
Y así llegó su segundo trabajo, «Discovery» (2001), con ese mascarón de proa que era «One More Time», un temazo que anticipó el futuro: cuando nadie salvo Cher lo utilizaba, el dúo francés puso arriba el autotune, la herramienta que ha definido el sonido de la última década pero que entonces su digestión fue difícil. Además, el disco pasaba de un sonido de baile rompepistas a una especie de «soft rock» y música disco que dejó desconcertado a todo el mundo. Sus acérrimos partidarios, los seguidores del sonido techno, entonaron el consabido «se han vendido» cuando oyeron la primera guitarra del disco. Pero, frente al dogmatismo del «underground», el dúo solo quería hacer pop y celebrar los 80, de Frankie Goes To Hollywood a Culture Club. En aquel momento, muchos DJ no diferenciaban entre el rock y la música de baile, o mezclaban ambas cosas. Y Daft Punk fueron los primeros en verlo.
Su influencia no es una teoría, está probada: en el libro, Peter Murphy explica que ellos fueron la razón por la que dejó el punk rock y empezó a hacer música de baile con LCD Soundsystem. Se lo agradeció con «Daft Punk is playing in my house» (2005). Quizá se les fue la mano con su tercer trabajo, «Human After All», un disco grabado sin sintetizadores (dos guitarras, dos cajas de ritmos, un vocoder y una grabadora de ocho pistas) y que recibió un tsunami de críticas negativas. Algunos lo definieron como Motörhead hasta arriba de MDMA. En aquel año, ya habían aparecido The Strokes y The White Stripes, el rock volvía a molar mientras que la electrónica estaba cambiando por completo sus equipos, máquinas y aparatajes. Les destrozaron... justo antes de elevarse a su primera cumbre, la famosa gira de la pirámide en Coachella que dejó al planeta anonadado. Llevaban diez años sin tocar en directo. El impacto en YouTube fue planetario y situó una nueva corriente en el mapa: el rock’n rave (Justice, Digitalism, Klaxons, Boys Noize...) se convirtió en el sonido de moda.
Hasta desaparecer
Pasaron 8 años hasta la bomba nuclear: «Random Access Memories» (2013). En ese tiempo, habían publicado «Alive» y la banda sonora de «Tron» y volvieron a hacer lo que nadie esperaba. Un disco completamente orgánico en el que participaban figuras legendarias (en su afán educativo de las masas) como Giorgio Moroder en un tema-documental sobre su figura. También Nile Rodgers, de Chic, Pharrell Williams y Julian Casablancas (The Strokes). Cuando todo se podía hacer con un ordenador, los computadores dejaron de interesarles. Nunca tocaron el álbum en directo. Daft Punk se separaron con un comunicado el 22 de febrero de 2021. La crítica nunca les quiso demasiado y sus propios seguidores les dieron la espalda. Stuart McMillan, codirector del sello Soma en el que debutaron, coloca la obra del grupo en un lugar interesante: «Creo que se han convertido en una banda tan influyente como lo fueron Kraftwerk para la generación anterior. A menudo los comparo, aunque la música sea completamente diferente. La influencia que han tenido en otras bandas y el anonimato que alcanzaron hasta desaparecer detrás de los robots... hay bastantes semejanzas». Eran humanos, eran robots... molaron desde el primer día.
¿Qué ha pasado estos años?
Desde el éxito de «Random Access Memories» hasta la disolución oficial transcurrieron ocho años. El mundo entero estaba esperando (deseando) algo nuevo: era exactamente el tiempo que había trasncurrido entre el tercer y cuarto trabajo. El dúo seguía con el éxito en sus dedos: produjeron cuatro cortes de «Yeezus», el álbum de 2013 de Kanye West y, todavía más arriba llegaron ese mismo año con «Starboy» de The Weeknd, que ha alcanzado las 4.000 millones de reproducciones en Spotify. Muchos soñaron con una incursión en el universo del hip-hop o el R&B, pero, lo que entregaron en su lugar fue un «Epilogue» en el que los robots hacían explosión en el desierto y certificaban el final de un viaje imposible de comparar con ningún otro en la música reciente. Como dice el periodista Ben Cardew, «habían quedado atrapados en su jaula de oro creativa». Puede que no hubieran sido capaces de superarse.