Bolaños se relame tras Adamuz
Cada vez que los miembros del gobierno pisan la calle son increpados por ciudadanos. No se trata de un rechazo coordinado y organizado por la oposición o por algún partido concreto, como ocurre con las manifestaciones en la puerta de Ferraz.
Es, sencillamente, una expresión del rechazo que generan en los ciudadanos y que es superior al experimentado por cualquiera de los gobiernos anteriores de la democracia española. Esa es la razón por la que Pedro Sánchez evita apariciones públicas fuera de los actos de partido, en los que es arropado solo por militantes socialistas.
En el diseño de estrategia de los asesores de la Moncloa estaba que el funeral de Estado por las víctimas de la Dana fuera el detonante final que provocara la dimisión de Mazón,que había resistido durante meses.
Esta semana, Sánchez no acudió a Huelva porque su prioridad fue la de protegerse de críticas y reproches públicos y no estar con las víctimas y sus familiares, como tampoco estuvo el ministro Puente. Quien sí acudió fue María Jesús Montero, que lo hizo entrando por la puerta de atrás, intentando pasar desapercibida a los demás asistentes.
Desde el accidente, Óscar Puente se ha empeñado en evitar que la opinión pública sitúe la causa de la catástrofe en el estado de las vías, porque ello le sitúa como presunto responsable final y abre el debate sobre las inversiones en infraestructuras y el estado del mantenimiento ferroviario.
El mismo día del descarrilamiento, su equipo se afanó en remarcar a todos los medios de comunicación que el primer tren siniestrado era de Iryo. Los días posteriores, en sendas ruedas de prensa, Puente señalaba explícitamente que el vagón número 6 seguía inmovilizado porque estaba siendo el objeto de la investigación por la Guardia Civil, insinuando que en él estaba la causa.
Cuando se conoció que los investigadores hacían pesquisas sobre un punto determinado de la vía que se había desprendido, el ministro aseguró que se había reformado de manera integral toda la línea, generando la idea de que se había renovado al completo.
Incluso fue atacado el presidente de la comisión técnica que realiza la investigación de las causas del accidente, cuando apuntó a posibles fallos en la soldadura y la comparecencia de Puente en el Senado se centró en la respuesta que dieron los poderes públicos después de la catástrofe, pero poco aportó sobre las causas del mismo.
Lo que viene por delante es, con toda probabilidad, una investigación judicial en la que el trabajo del ministerio será escudriñado y el ministro cuestionado. Por otra parte, la cartera de Transportes tiene otros frentes abiertos, como el desastre de Rodalies que ha colapsado el tráfico en Barcelona e incluso ha generado serios problemas laborales a buena parte de los usuarios.
La imagen de Óscar Puente ha quedado muy dañada y Sánchez sabe que ha perdido una de sus piezas clave porque es insostenible que mantenga su papel de ariete agresivo de la oposición y de los periodistas críticos al tiempo que es el responsable de la pérdida de credibilidad de la alta velocidad.
También Óscar Puente es consciente que se ha descabalgado en la carrera por la sucesión. Seguramente no se resignará, pero en la organización, han empezado a descartarle incluso los que le veían como favorito.
Félix Bolaños, que goza de una ambición desmedida, se mantiene en un segundo plano de exposición mediática, pero manteniendo su poder en el Consejo de Ministros. Se está dedicando a visitar agrupaciones, sabía que Puente le llevaba ventaja con los afiliados y estaba conquistando a los posibles votantes internos, ahora el panorama se le ha despejado.
De lo que no se dan cuenta Puente, Bolaños y el resto del entorno de Sánchez que aspiran a la sucesión después de una eventual derrota, es que el desgaste del presidente es tan enorme que les ha contagiado.
El nivel de deterioro electoral se va a comprobar en Aragón. En Extremadura el resultado fue históricamente malo con un candidato señalado en un proceso judicial y la convocatoria pillando a traspiés al PSOE.
Si Alegría sufre un castigo mayor que Gallardo, y los sondeos más serios apuntan en ese sentido, será prueba inequívoca de que el rechazo electoral a Sánchez es cáustico y lo pagan los candidatos locales, en mayor medida cuanto más próximos están a él.
Concretamente en Zaragoza, el pronóstico es de posible sorpasso de Vox. Si el PSOE es arrasado hasta ese punto, a Sánchez no le queda otro camino que adelantar elecciones y ceder ante los que apuestan por celebrarlas con las autonómicas de Andalucía porque la responsabilidad será directamente suya.
Más pronto que tarde, los militantes socialistas deberán decidir entre una sucesión de continuidad con un proyecto fracasado que ha roto con los principios socialistas más elementales, como la igualdad, la solidaridad o la justicia redistributiva o devolver el partido a los valores de la socialdemocracia.