Alerta máxima en el PP por Aragón: presión en la calle y «confianza cero»
Una vez más, el Partido Popular pelea contra las expectativas. Y contra los cisnes negros. En Aragón quiere Jorge Azcón coronarse con una victoria incontestable. Sabe que la mayoría absoluta es imposible. Por una cuestión numérica. Nunca nadie ha logrado superar el umbral de diputados que permite alcanzar el poder sin depender siquiera de una abstención ajena. Pero sí es posible una mejoría que reduzca la dependencia de Vox. Esa es la meta fijada. Difícil, pero no imposible.
Cuando Azcón pulsó el botón nuclear, manejaba sondeos internos que le acercaban al escenario idílico: una «mayoría suficiente», es decir, que el PP solo sume más que toda la izquierda junta, y con una opción alternativa para pactar la investidura y posterior gobernabilidad con partidos regionalistas.
A diferencia de Extremadura, en Aragón el PP no necesita lograr un objetivo casi inalcanzable para librarse de Vox. Pero, superado el ecuador de la campaña, preocupa en las filas populares un desenlace similar al de María Guardiola. Que, a pesar del triunfo incontestable, la aritmética siga siendo prácticamente idéntica. Un pan como unas rotas.
Por eso, la máxima que ha trasladado Azcón a sus alfiles es «confianza cero». Quedan días decisivos y no hay que dar nada por sentado. La moral es una mezcla de incertidumbre y optimismo. Partiendo de la base de que el primer puesto del podio está garantizado, todos los esfuerzos se concentran en agrandar la brecha con el PSOE y minimizar la subida de Vox, que volverá a dar la campanada.
La intención final es que la subida de Vox no empañe el resultado del PP. De ahí el cambio de estrategia de Azcón con respecto a Guardiola: con participación en todos los debates, hasta un total de tres, presencia de todos los activos del partido, incluidos Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, que se va a volcar con su propia caravana; y más entrevistas en los medios. El viento sopla a favor, aunque algunas ráfagas plantean dificultades.
El decreto ómnibus con las pensiones o la regularización masiva de inmigrantes, junto a las protestas del campo en Mercosur, impactan en una campaña de marcado carácter nacional por la candidatura de Pilar Alegría, peso pesado del sanchismo.
De hecho, para los próximos días, el PP explotará la vinculación de la candidata socialista con el Gobierno, eje principal de su discurso para darle la puntilla. «Pilar Alegría ha sido la portavoz de Sánchez y en Aragón no sería más que la delegada de Sánchez. Ha cogido el PSOE de Lambán para entregárselo al sanchismo», aseguran fuentes del entorno de Azcón.
Pretenden en Génova echarle un capote al candidato Azcón con la declaración en el Senado de Francisco Salazar, el asesor áulico de Sánchez en Moncloa que dimitió por un presunto escándalo de acoso sexual y que luego fue visto compartiendo mesa y mantel amistosamente con Alegría.
El PP necesita atornillar el trasvase de votantes procedentes de las filas socialistas. Aunque, esta vez, el verdadero reto es no perder espacio por la derecha. De ahí que Azcón haya sido uno de los barones que ha reaccionado con más dureza a la tragedia ferroviaria de Adamuz. Fue de los primeros mandos del partido en pedir la dimisión de Óscar Puente, saltándose la supuesta tregua. Por otro lado, la dirección nacional ha endurecido el tono de forma ostensible con la regularización masiva anunciada por Sánchez.
Con el reloj descontando ya los días para el 8-F, Azcón intensifica su agenda de actos y exhibe gestión. A pesar de que ha convocado a mitad de legislatura, en dos años el balance en términos de inversión es más que positivo. De ahí las promesas en Vivienda. Una combinación de acción reacción con la que ganar sin ataduras.