Hubo un tiempo en el que la espalda de Baltasar era sólo un papel dorado arrugado pegado al trono del rey negro. Pero no tenía ni poesía ni significado. Hoy, cuando pasa la carroza del monarca hay quien hasta se santigua porque al verla da por inaugurado el tiempo de la espera de la Semana Santa. Algo que comienza incluso antes de la Navidad porque en nuestros días se vive una Cuaresma permanente , unas vísperas que duran 364 días. Hay parte de la población que celebra esta ausencia del vacío que se abría hace muchos años entre el Domingo de Resurrección y el Miércoles de Ceniza del año siguiente. Es un sector muy importante que está de manera permanente recibiendo estímulos de color morado . Pero como todo lo abundante termina empachando, existe un sector veterano de la población que echa de menos las cuaresmas que se fueron, aquellas cuyos inicios estaban marcados por el calendario litúrgico y a lo sumo se le añadían dos o tres semanas de más. El término antaño es muy poco concreto. Algo de los tiempos pasados puede ser de hace tres décadas o de hace cinco. Tanto en un caso como en otro, la Cuaresma ha cambiado tanto que para muchos de ser una espera ha pasado a convertirse en la rampa por la que nos despeñamos rápido para que termine todo. Dicen que fue Juan Manuel Rodríguez Ojeda quien inventó en la Hiniesta una vestimenta simple para las dolorosas que se definió como de usanza hebrea por utilizar telas simples y tejidos rayados como los de aquellas tierras. El Miércoles de Ceniza o a lo sumo escasos días antes llegabas al templo y te encontrabas a la dolorosa despojada de sus oros y de sus brillos, apareciendo como una mujer de la Judea del siglo I. Sobre su cabeza ninguna corona sino un aro de estrellas o un simple nimbo. Las hermandades respetaron más o menos esta costumbre hasta finales de los 90. Fue en esos años cuando la Estrella apareció vestida así en diciembre. Fue una especie de capricho de algunas personas lo de presentarla así en Navidad, algo que también se hizo con la Virgen de las Angustias de los Gitanos. La vestimenta no tiene nada de litúrgico pero sí de tradicional. Años después, con la irrupción de los vestidores casi profesionales, las imágenes comienzan a lucir estas ropas meses antes de la Cuaresma para adecuar esta presentación a la agenda del vestidor. El 15 de enero, casi un mes antes del Miércoles de Ceniza, ya estaba vestida de hebrea la Virgen de la Divina Gracia de Padre Pío. Era un disco antiguo de Manuel Centeno. Tras las campanas del indicativo de Radio Popular de Sevilla-Radio Vida, se oía el chasquido del microsurco del vinilo y después «Silencio pueblo cristiano...». Qué paradoja; la eclosión de la a palabra comenzaba con un «silencio». Un domingo por la noche en la cama, los chavales se ponían a oír el primer programa de radio que comenzaba semanas después de la Navidad. Era 'Saeta', algo más que un espacio radiofónico. Era un rito , como el primer día de un quinario. En este programa las noticias eran lo de menos. Lo fundamental eran las formas, las marchas, los poemas, los «se dice». 'Saeta' llegaba después del año nuevo. Algo más tarde el Cruz de Guía de Radio Sevilla y el Miércoles de Ceniza, El Llamador. Hoy la radio cofradiera, al igual que la televisión y las noticias de la prensa e Internet como ABC y Pasión en Sevilla duran todo el año. Una permanencia que comenzó en la radio con la emisión de espacios históricos como 'Jerusalén' en RNE o 'A esta es' de Radio 80. Pero lo de 'Saeta' era absolutamente diferente. Los niños se acercaban al escaparate de la tienda para ver el cartel de la Semana Santa que acababan de poner. O era una fotografía o una pintura de Álvarez Gámez, el profesor de los Salesianos de Triana que los pintaba todos en ese estilo de tintas planas tan característico del lenguaje publicitario. ¿Quién sale este año? Acercarnos al cartel no era solo para ver la foto. Era fundamentalmente para conocer la fecha, si era baja o alta, si caía en marzo o en abril. Y se apuntaba en la tapa del cuaderno para recordar también cuando daban las vacaciones. Hoy no hay un solo cartel que no pone ni la fecha. Hay 200. Algunos de mucha calidad, pero la mayoría no imprescindibles. En este 2026 la hermandad de los Panaderos estrena la papeleta de sitio digital. Un código QR que se enseñará con el móvil a la hora de acceder al lugar donde se tenga que formar el cuerpo de nazarenos el próximo Miércoles Santo. Vámonos 50 años atrás. La papeleta de sitio era el rito que los nazarenos esperaban con impaciencia porque en la mayoría de los casos era el único contacto anual con tus hermanos en las dependencias de la cofradía, cultos y procesión aparte. El anuncio de su inminencia venía por correo. Un día en el buzón aparece el sobre con el nombre del chaval. Una de las pocas cartas que ese niño recibía al año, por no decir la única. El nombre y las señas venían precedidos por un número de registro que era el que se te asignaba cada diez años. El número por debajo de los 1.000 para los adolescentes de entonces era todo un logro. En ese sobre de color marrón timbrado con el sello de la cofradía, venía la convocatoria de cultos, en el dorso de una gran foto de los titulares y junto a ella una carta dirigida a tí en la que se indicaban cuales eran los días para recoger la papeleta de sitio. ¿Llegan cartas por Cuaresma? En la mayoría de los casos no. Permanecen algunos boletines u hojas informativas que contienen esa información pero ya toda la comunicación entre el hermano y el área de gestión de la cofradía llega por email o se difunde por las redes sociales convertidas ahora en el principal elemento de contacto entre los cofrades. La Cuaresma de hoy aparece estirada hasta extremos antinaturales. Aunque, ¿qué cosa no es un exceso en nuestros días? Hasta los postres típicos son ya objeto de deslocalización . Las bandejas de torrijas o de pestiños se hacían en casa en la semana de pasión o quizá un poco antes para que endulzaran cada una de las jornadas de cofradías. En estos días, incluso en verano te puedes encontrar una torrija en versión gourmet —muy buenas, por cierto— como postre en las cartas de los restaurantes más refinados.