La vida de Yurena no ha sido fácil. Ni como artista ni como mujer. «Si hay alguien a quien los medios de este país han linchado, es a mí», apunta en su recién publicado libro de memorias, 'Yurena'. Toda la verdad de una mujer inmortal, una mujer que, a estas alturas de su vida, con una serie de ficción inspirada en ella y un documental en el que, en su opinión, su voz «queda demasiado diluida», siente que es hora de contar y de contarse. En las páginas de su libro relata que su madre, Margarita Seisdedos , una modista salmantina que se casó con su padre, Floreal, albañil oficial de primera, a los tres meses de empezar a salir juntos, contaba ya 41 años cuando la trajo al mundo. «Nací muy enferma» , apunta en el mismo capítulo en que confiesa que recién nacida pasó varios meses ingresada y estuvo cerca de no contarlo. Ya en la adolescencia, Yurena fue objeto de crueles burlas porque estaba rellenita, llevaba gafas y tenía acné. La música se convirtió entonces en su refugio y, en 1990, convencida de que quería ser artista, comenzó a estudiar canto con una profesora particular y acudió a ver a un foniatra que la ayudó a reeducar la voz hablada. «Mientras estudiaba canto, como aún no tenía temas propios, me preparé un repertorio con canciones de cantantes muy conocidas, como Madonna o Martika. Me hice un repertorio de diez temas, los ensayaba con mi profesora y, cuando ya estaban listos, empecé a moverme, a llamar, a buscar sitios, pubs, discotecas, para conseguir actuaciones», cuenta en el libro la vasca, quien al comienzo de su carrera registraría su nombre artístico (Tamara). En 1993, dos años después de hacer su primera actuación en un pub portugalujo, invirtió dos millones de pesetas en la grabación de un disco con temas compuestos expresamente para ella. Aquel proyecto se titulaba A por ti y de él se extrajo luego la canción versionada y vuelta a cantar por el maxi-single A por ti, que fue disco de oro y permaneció durante diez semanas consecutivas en el número uno de la lista oficial Afyve de ventas. Durante una temporada estuvo moviendo aquel primer trabajo por emisoras de radio, televisiones y periódicos del País Vasco y locales en los que podía actuar. Asimismo, Margarita y ella comenzaron a viajar a Madrid con frecuencia, hasta que en 1998 decidieron instalarse allí, convencidas de que esto era lo mejor para la cantante. «Pasé por muchos engaños e intentos de abuso de poder», cuenta una mujer que a finales del 99 empezó a salir en diferentes programas televisivos. Su boom llegó en el 2000, y alrededor de la misma época cruzó sus pasos con los de personajes como Tony Genil, la persona que se inventó que Margarita llevaba un ladrillo en el bolso que usaba para pegar a todo el mundo, o Paco Porras, aquel vidente que leía el futuro en las frutas y hortalizas. Con este último hizo un montaje, diciendo que eran novios y que ella se llegó a quedar embarazada de él, para poder captar la atención de los medios, algo de lo que hoy se arrepiente. Aunque el más ruin para ella fue Arlequín, un representante artístico que, entre otras cosas, le hizo creer que el director de la comedia ¡Ja me maaten...! quería hacerle una prueba para ver si podía participar en la cinta y con engaños consiguió grabarla metida en una bañera y sin ropa. «A las pocas semanas, ese vídeo maldito lo vendieron a 'Crónicas marcianas' por una cantidad suculenta y lo emitieron», cuenta Yurena, que por cosas como esta fue pasto de burlas y ataques. «Quizá tendría que haberme vuelto a mi tierra, estudiar otra cosa, montar una academia de inglés, ser profesora. Bien podría haberlo hecho. Pero tirar la toalla no va conmigo». Luego, mientras promocionaba su álbum Superstar, en el que participaron varios artistas unidos a la movida madrileña, recibió una demanda de la discográfica MuXXIc, perteneciente a Universal y Prisa, que le exigió dejar de usar su nombre artístico porque ya había otra cantante, la famosa bolerista sevillana, que lo utilizaba. Desde ese momento, todos sus discos y singles bajo el nombre de Tamara empezaron a ser retirados del mercado. La vasca ganó en primera instancia, pero luego vio con amargura cómo el recurso se decantaba en favor de la discográfica demandante, por lo que no tuvo más remedio que buscarse otro nombre. Y para colmo, algunos medios se ensañaron con ella y artistas como Alaska y Mario Vaquerizo dejaron de frecuentar su amistad. Cansada de ninguneos, Yurena se apartó de todo por salud mental. Entre 2006 y 2011 fue propietaria de un pub y durante ese tiempo no quiso saber nada ni de la música ni de los medios. Pero después de esa etapa decidió darse una nueva oportunidad y regresó a lo suyo con más fuerza y con un cambio radical a nivel de imagen, estilo musical y actitud. «Decidí autoproducirme y llevar yo misma mi carrera», apunta en el ensayo. «Sí, es una inversión fuerte, pero soy yo quien decide con qué productores, directores de videoclip, fotógrafos y coreógrafos trabajo, qué música hago y cómo la presento. Así está siendo hasta ahora y, a estas alturas de mi vida, no creo que cambie». Sobre sus fallidas relaciones amorosas, nuestra protagonista comenta que a su primer novio, al que conoció a los 17 años, lo dejó tras enterarse por terceras personas de que la estaba engañando con otra. En 2005 se enamoró de un chico que durante un tiempo le ocultó que había trabajado como actor porno y que regentaba clubes de alterne, cosa que ella no pudo perdonar. Y hace unos años quedó prendada de un guapo policía, que al principio parecía inofensivo pero en realidad tenía graves adicciones. «Estuvimos juntos unos dos años y pico. Pero llegó un punto en el que la relación se volvió absolutamente tóxica. Discutíamos casi a diario. Incluso su madre hablaba conmigo por teléfono, me pedía paciencia, que estuviese pendiente de él [...]. Con el tiempo me di cuenta de que había sido una idiota. Nadie tiene que ser la enfermera de su pareja». Por lo visto llegaron a alquilar juntos un piso en Argüelles y lo mandó a freír espárragos el día que al tipo se le cruzó un cable y le dijo que Margarita, que convivía con ellos desde el minuto uno, se tenía que ir de su casa. Precisamente a su madre y fiel escudera dedica su autobiografía, donde la salmantina es definida como una mujer comprensiva, bondadosa y caritativa. «A mi madre la provocaban en los programas de televisión. Lo hacían a propósito porque sabían que, como madre, como la grandísima madre que era, iba a defenderme. Le ponían una cámara delante, aunque ella no estuviera en plató, aunque estuviera en el backstage o en una sala vip. Sabían que si me insultaban o me calumniaban delante de ella, ella iba a saltar. Y eso lo aprovechaban para destrozarla a ella y para destrozarme a mí», comenta sobre Margarita, de cuya muerte, ocurrida en 2019, tras un tiempo aquejada de alzhéimer y párkinson, no está aún del todo repuesta.