Patxi López, con una fatuidad insolente, descalificó a Felipe González acreditando una vez más que de lo sublime a lo ridiculo sólo hay un paso: quien así se conduce fue lendakari vasco gracias al apoyo desinteresado de la derecha, a la que hoy ofende mientras hace migas con los batasunos de Bildu, poniendo de manifiesto el nivel de polarización y servilismo que su jefe ha impuesto en la política española. Dijo González que no se va del partido que hizo grande y respetable, y que quien debe irse es quien lo está destrozando, teniendo el derecho y la autoridad moral sobrada para decirlo. Por ello también resultan ridículas y repulsivas las declaraciones de dos coetáneos de González, Rafael Escuredo y...
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