El médico y «neurochef» Miguel Sánchez Romera va de la teoría a la práctica. A la hora de cocinar hay que saber interpretar el color de los productos como conectores de sabores y olores que marcan la diferencia en cada plato, advierte en su libro 'La neurogastronomía' (Planeta Gastro). El blanco es un color que se mastica o se bebe como un líquido; el rojo es lo picante y hasta agresivo: «Una pizca basta», aconseja; el azul «sugiere sofisticación y atrevimiento»; el naranja conjuga la fruta, la flor y la verdura: mandarinas, naranjas, calabazas, boniatos; y el verde es «el segundo color en magnitud de la naturaleza, la salud de los ecosistemas y el medio ambiente». Con los cinco sentidos...
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