En un contexto educativo en constante transformación, donde los proyectos, el aprendizaje competencial y la irrupción de la inteligencia artificial marcan el ritmo de las aulas, surge una pregunta recurrente: ¿siguen siendo necesarios los exámenes? El equipo pedagógico del colegio Sagrada Familia de Urgel responde con claridad : sí, aunque ya no como único instrumento de evaluación. Desde el centro subrayan que el examen «sigue estando vigente», pero integrado en un abanico más amplio de herramientas que incluyen proyectos, observación directa del progreso del alumnado, cuadernos de clase, presentaciones orales, trabajos colaborativos y el uso de nuevas tecnologías aplicadas al aprendizaje. «Es una manera objetiva de testar el grado de adquisición de los saberes básicos y de las competencias del alumno», explican. Además, aseguran que no solo las familias —acostumbradas a este formato durante su propia escolaridad— demandan exámenes, sino también los propios estudiantes. En un sistema cada vez más práctico, el examen se mantiene como un momento de recapitulación y consolidación de lo aprendido . A la hora de enfrentarse a un examen, los fallos suelen repetirse: no leer con atención los enunciados y responder sin reflexionar. Aunque reconocen que los nervios pueden jugar malas pasadas, el equipo pedagógico insiste en que un trabajo constante a lo largo del curso reduce considerablemente la ansiedad ante una prueba puntual. « El examen no debería causar temor si ha habido un trabajo previo », afirman, recordando que existen otros métodos para comprobar la adquisición de competencias. Una de las diferencias más evidentes en el aula, según el equipo pedagógico del colegio Sagrada Familia de Urgel, es la actitud con la que el alumno afronta el estudio. «Depende de las personas», señalan. El estudiante que estudia para aprender muestra una actitud activa: pregunta, participa, corrige errores y colabora. Su motivación nace del interés por crecer y comprender. En cambio, quien estudia únicamente para aprobar adopta una postura más pasiva y suele recurrir a una memoria cortoplacista que difícilmente consolida competencias a largo plazo. La presión de determinadas etapas, especialmente en Bachillerato o ante las Pruebas de Acceso a la Universidad, incrementa la ansiedad debido a las notas de corte. Para afrontarlo, el centro apuesta por entrenar la gestión emocional mediante simulacros previos, espacios adecuados de estudio, descanso suficiente, técnicas de relajación y actividades que permitan desconectar, como el deporte o la música. No obstante, insisten en un cambio de mentalidad : «Hay que concienciar al alumnado de la importancia del trabajo diario y no de una prueba concreta». El equipo pedagógico defiende con firmeza la relevancia de las pruebas orales en todas las etapas educativas. «Los alumnos han de aprender a expresarse y a desenvolverse en diferentes situaciones porque así los preparamos para la vida», sostienen. Las evaluaciones orales favorecen la competencia lingüística , el pensamiento crítico y la interacción en tiempo real. Permiten aclaraciones inmediatas, reducen la posibilidad de copia y trabajan también el lenguaje no verbal. En materias como los idiomas, este componente resulta imprescindible. Sin embargo, su implantación masiva presenta dificultades: la falta de tiempo ante ratios elevadas y el riesgo de subjetividad. Para garantizar la objetividad, el centro apuesta por rúbricas claras y exhaustivas conocidas por el alumnado. La irrupción de la inteligencia artificial ha supuesto un punto de inflexión . El equipo pedagógico reconoce que su uso ha obligado a modificar criterios de evaluación, confiando más en pruebas realizadas en el aula que en trabajos enviados para casa. Lejos de rechazar esta herramienta, el centro apuesta por integrarla con sentido crítico: «No se trata de negar la evidencia, sino de sacarle partido a la IA en educación». Para el colegio Sagrada Familia de Urgel, la combinación de diferentes formas de evaluación —escrita, oral, práctica y continua— es imprescindible. El equilibrio ideal depende de la materia y del número de alumnos por aula, aunque reconocen que dar mayor peso a lo práctico y lo oral exige una inversión considerable de tiempo. El equipo pedagógico subraya la corresponsabilidad entre familias y centro educativo . Los padres, recuerdan, son los principales responsables de la educación de sus hijos, mientras que el colegio acompaña en su formación integral. Generar en casa un entorno adecuado de estudio —espacio, tiempo, control de distracciones, descanso y alimentación— resulta fundamental. También lo es interesarse por el aprendizaje diario, escuchar y orientar, evitando la sobreprotección. «Supervisar contribuye a hacerlos independientes; trabajar por ellos los hace dependientes», advierten. La comunicación familia-colegio es, en su opinión, un pilar esencial.