La prevención ha vuelto a situarse en el centro del debate sanitario con una nueva sesión de Aula Salud, el foro impulsado por ABC en colaboración con Bidafarma, la Asociación Española Contra el Cáncer y la Fundación ECO para la Excelencia y Calidad en la Oncología. Bajo el título 'Tabaco y vapers: cuidar hoy la salud de mañana', el encuentro reunió en La Galería a especialistas de distintas disciplinas para analizar uno de los grandes retos actuales de salud pública: el impacto del tabaco tradicional y de los cigarrillos electrónicos , especialmente entre adolescentes y jóvenes. Moderado por Juan Antonio Virizuela, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón de Sevilla, el debate se sustentó en la evidencia científica y la experiencia clínica. La mesa multidisciplinar estuvo integrada por Benedicto Crespo Facorro, jefe de la UGC de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen del Rocío y catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Sevilla; María José de la Matta, farmacéutica comunitaria, doctora en Farmacia y vicepresidenta de SEFAC en Andalucía; Jesús Peñas del Bustillo, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón; Rubén Rodríguez García, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria del Centro de Salud de San Pablo; y Agustín Valido, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Virgen Macarena. Uno de los mensajes centrales de la jornada fue la necesidad de desterrar la idea del tabaquismo como un simple «vicio» . «El tabaco es una enfermedad, no un vicio», subrayó el doctor Valido, quien recordó que se trata de una patología crónica y adictiva que puede derivar en múltiples enfermedades. Según explicó, una gran parte de los pacientes no se perciben como enfermos hasta que comprenden la naturaleza adictiva del consumo de nicotina, que «supera la voluntad y la razón» y tiene incluso un componente hereditario. Desde la neumología, el doctor Peñas del Bustillo incidió en que el daño del tabaco no se limita al pulmón . «Las sustancias tóxicas que contiene afectan al conjunto del organismo y se relacionan con enfermedades cardiovasculares, degeneración macular, cataratas, trastornos psiquiátricos y distintos tipos de cáncer. Es una de las primeras causas de muerte», recordó, añadiendo el impacto del tabaquismo pasivo. Los especialistas coincidieron en que no existe una dosis segura de tabaco y que los hábitos adquiridos entre los 30 y los 60 años condicionan de forma decisiva la calidad de vida futura. El ámbito de la salud mental ocupó un lugar destacado en el debate. El doctor Crespo advirtió de que «toda sustancia que actúa sobre el cerebro lo modifica. El tabaco tiene una repercusión en el día a día del cerebro», alertando de que el inicio precoz del consumo aumenta la vulnerabilidad a otras adicciones y trastornos psiquiátricos. La prevención en edades tempranas fue señalada como una prioridad absoluta . Informar con claridad sobre los riesgos y desarrollar políticas de protección durante las etapas clave del desarrollo cerebral se perfilan como herramientas fundamentales para frenar el problema. Desde la atención primaria, el doctor Rubén Rodríguez reconoció que históricamente no se ha prestado suficiente atención al tabaquismo. «Siete de cada diez fumadores quieren dejar de fumar», recordó, destacando que el consejo médico claro y directo constituye la intervención más efectiva. A los tratamientos farmacológicos se suma la necesidad de acompañamiento psicológico y seguimiento continuado, mediante abordajes cognitivo-conductuales adaptados a cada paciente. En esa misma línea, María José de la Matta defendió el papel estratégico de la farmacia comunitaria . «El mostrador puede ser todo lo proactivo que el farmacéutico quiera», afirmó. Las farmacias, explicó, pueden implicarse activamente en la detección precoz, el asesoramiento y el acompañamiento en los procesos de deshabituación, siempre desde la formación y la coordinación con el resto de profesionales sanitarios. Si el tabaquismo tradicional sigue siendo un desafío, el auge de los cigarrillos electrónicos añade una nueva dimensión al problema . Los expertos advirtieron de que el término «vaper» responde a una estrategia comercial que contribuye a minimizar la percepción de riesgo. Sin embargo, estos dispositivos contienen cientos de sustancias tóxicas y su consumo ya está asociado a nuevas patologías respiratorias. «Vamos tarde», reconoció el doctor Valido, quien relató las acciones informativas desarrolladas en institutos para desmontar la falsa creencia de que vapear es inocuo. El doctor Peñas del Bustillo fue contundente: «El cigarro electrónico es igual o más peligroso que el tabaco y no aporta nada». El fenómeno preocupa especialmente por su penetración entre adolescentes . Según el doctor Crespo, «la accesibilidad y la presión comercial convierten a los jóvenes en un colectivo vulnerable, con escasa percepción de riesgo». Además, muchos usuarios recurren al cigarrillo electrónico como supuesto método para dejar de fumar, lo que en la práctica favorece el consumo dual. El consenso final fue claro: el tabaquismo, en cualquiera de sus formas, constituye un problema transversal que requiere la implicación conjunta de profesionales sanitarios, instituciones educativas, responsables políticos y sociedad civil. « Estamos ante un trastorno propio del siglo XXI », señaló el doctor Crespo. El doctor Rodríguez animó a los fumadores a acudir a sus centros de salud para iniciar el proceso de abandono, mientras que el doctor Peñas del Bustillo realizó una autocrítica al colectivo médico por no tratar con suficiente contundencia una enfermedad que provoca miles de muertes. Desde la farmacia, María José de la Matta reiteró la disposición de estos establecimientos a convertirse en aliados activos en la deshabituación. La conclusión compartida fue inequívoca: cuidar hoy la salud, especialmente en edades tempranas, es la única garantía para reducir la carga de enfermedad del mañana.