Entre los arcos en alto que hay en el Auditorio Nacional, un dedo apunta al cielo. El primer movimiento del 'Concierto nº 2' para piano de Rachmaninov se abre de forma dramática, como un sollozo. El dedo se eleva conforme los acordes de piano van creciendo. Es algo progresivo, 'in crescendo', paulatino. Es también esa la manera en que la música fue formando parte de la vida de Gustavo Gimeno, el maestro que dirigía a la Toronto Symphony Orchestra , su conjunto, en ese instante, y que vino recientemente con Ibermúsica. Su brazo se extiende mientras lanza algunas indicaciones a los músicos. «No recuerdo la primera vez que escuché música, es imposible, porque crecí en una familia de músicos. Mi...
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