La Inmaculada Colosal de Murillo que nos mira e impele con la dulzura de sus manos suplicantes y el séquito de ángeles; el niño que, lleno de curiosidad parece querer zafarse de los brazos de la Virgen de la Servilleta; Santo Tomás de Aquino en su divina apoteosis o las Tentaciones de San Jerónimo figuran entre las pinturas barrocas más destacadas de la colección del Museo de Bellas Artes de Sevilla. En la redacción nos preguntábamos el otro día cuántos sevillanos conocían de su existencia y cuántos la habrían visto durante una visita a la segunda pinacoteca más importante del país. De tanto decirlo y escribirlo, ha calado la idea (por obra lo es) de que ocupa ese escalafón nacional,...
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