La serie de televisión 'Taboo' empezo a emitirse en 2017, en HBO, una creacion del gran guionista Steven Knight. Desde hace pocos días se puede ver completa en Netflix. 'Taboo' es una maravilla de serie que no deja indiferente a nadie, con un protagonista absoluto interpretado por el mucho más que solvente actorazo Tom Hardy. Muestra el Londres de 1814: calles húmedas, negocios turbios incluida prostitución infantil, corrupción institucional y una violencia transformada en lenguaje rutinario que habla todo el mundo al margen de su clase social. La premisa resulta simple y a la vez perfecta. James Keziah Delaney (Tom Hardy) regresa de África tras años dado por muerto, al entierro de su padre. Vuelve con cicatrices visibles y otras que se adivinan en la mirada; hereda un pequeño territorio estratégico, Nootka Sound, y con ello se coloca en el centro de un conflicto entre la Corona británica, la Compañía de las Indias Orientales y Estados Unidos. La Compañía de las Indias orientales tiene tanto poder como una nación. Lo que podría ser un thriller político se convierte en una historia de obsesiones, de identidad rota y de supervivencia en un mundo donde nadie es inocente, en especial el protagonista. La atmósfera clava la época, una pátina de hollín y misterio lo cubre todo, reforzada por una fotografía oscura y una puesta en escena que roza lo gótico sin abandonar el barro de lo real, donde se revuelcan los personajes. La música, áspera y ritual, acompaña el tono en un pulso constante, casi fantasmal. La serie, hipnótica, arrastra a habitar un lugar enfermo en busca de una cura desconocid. Eso es lo que engancha. Tom Hardy construye a Delaney desde lo físico, la voz grave, los silencios derramados, la forma de ocupar el espacio, pero también desde la opacidad, un protagonista que se resiste a ser explicado. Y alrededor un reparto sólido sostiene la intriga: Jonathan Pryce, un villano elegante y viscoso, Oona Chaplin y Jessie Buckley aportan tensión emocional. El placer de Taboo está en la densidad, en la ambigüedad y el choque entre lo espiritual y lo mercantil, incluso en un travesti de la época que resulta ser un noble. No se la pierdan, les costará encontrar algo parecido. Yo no lo he conseguido.