La gran nevada sobre Berlín se presentaba como la blanca culminación a las vacaciones de Navidad . Helga salió el sábado con sus tres hijos pequeños a cumplir con la tradición y disfrutar deslizándose en trineo en las colinas de Wannssee. Volvieron ya atardeciendo, cansados, con los dedos rojos y las naricillas a punto de amoratarse, nada que no se arregle con una ducha caliente y un buen chocolate. Pero la falta de electricidad en el edificio impedía utilizar la puerta del garaje y el ascensor, así como la rutina necesaria para volver a entrar en calor. «Encendimos velas, nos secamos con toallas y les puse a los niños tanta ropa seca como había en los armarios. Varias camisetas, varios...
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